Es una bonita mañana, en el puerto se aprecia el reflejo del sol en el mar como destellos de sonrisas surgidas de un lugar olvidado.
El viento mueve las banderitas de los barcos y todo aquello que encuentra a su paso se lo lleva sin siquiera preguntar, ojalá se llevara igual de rápido y lejos todos mis miedos.
Dos pequeños reflejos ardientes quedan iluminados en la sombra por el rayito de sol que se cuela entre la rendija del tejado, llamando la curiosa atención de los viandantes y ciclistas de vidas ajenas.
Los pájaros juegan persiguiéndose en un vuelo sin fin entre el repiqueteo del golpear frenético de alguna parte de la vela del barco contra el mástil.
En el cielo azul celeste se aprecian pequeñas motas de nubes blancas que en algún lugar serán reconocidas como bonitas figuras en la mente de dos amantes. Pero a lo lejos se ven nubes negras, aquellas que anidan en las profundidades del alma cegando lo bueno y positivo de la vida.
Lo bueno es que tan pronto como llegaron y se anunciaron se fueron sin dejar rastro, el viento se las portó elevando una sonrisa. Y así, todo se lo llevó excepto mis miedos y la cobardía que acecha en lo más profundo de un ser dormido esperando el momento del contraataque para así resurgir.
Look up and get lost
jueves, 13 de septiembre de 2012
miércoles, 5 de septiembre de 2012
Café frío
Era una mañana cualquiera de otoño, ella estaba preparada para salir a pasear, dar una vuelta a su ritmo disfrutando del fresquito que tanto tiempo había estado esperando.
Mientras paseaba pensaba sonrojándose en la tarde, había quedado con él, ese enigmático chico que hacía temblar su mundo, con el que ningún momento era malo para quedar, verse, conversar...
Estaba intranquila, casi no había dormido esperando el encuentro, se le hacía eterno el tiempo, hasta que después de muchísimas horas por fin eran las 17:30.
Estuvo todo el día en las nubes, bailando al ritmo de la canción de la vida, feliz, extasiada.
Se había puesto un bonito vestido floreado que le quedaba como anillo al dedo, unas bonitas sandalias que lo complementaban y así y con un bolsito salió en busca de su dosis de felicidad.
Llegó al bar de siempre, se sentó cerca de la ventana para verlo venir, aunque todavía era algo pronto, por lo que se pidió un café, cuando el llegara volvería a pedir.
Cuando le trajeron el café humeante lo primero que hizo fue calentarse las manos con la taza, y aspirar su rico olor, dio un pequeño sorbo y se quemó la lengua, así que decidió esperar un poquito más.
Él que siempre entraba sonriente en el bar unos minutos tarde, con olor a humo de tabaco y la saludaba de lejos con una reverencia que a ella le hacía mucha gracia, él que cada vez venía con otro truco que la dejaba sorprendida sin revelar jamás el secreto, y aunque se lo hiciera cada día, aunque fuera el mismo juego, ella siempre estaría admirada, era increíble la maña que tenía él para esas cosas.
Él que le había susurrado palabras de todo tipo al oído, la había acariciado y besado apasionadamente por todos los recovecos de su cuerpo, el mismo que le hizo creer en el amor, que la hizo sentir viva y que pese a todo siempre estuvo allí cuando ella lo necesitaba y viceversa.
Todo eso pasó hacía tanto tiempo, pero ella no lo olvidaría jamás, había convivido la mitad de su vida con ello, y lo revivía una y otra vez, estaba enferma de anhelo, quería revivir todo aquello que un día vivieron juntos, todo lo que se enseñaron mutuamente y los secretos que les reveló la vida en ese tiempo en que nada podía separarles.
Era tan grande la pérdida, tal el vacío de su corazón que se le hacía insoportable, no veía el momento en quitarse ese ''estúpido'' músculo que no le traía más que dolor.
A sus 90 años volvía cada miércoles al mismo bar donde ellos solían quedar, siempre se repetía la misma historia, y cada una de las veces miraba impaciente por la ventana a ver si lo veía venir, a sabiendas de que era imposible, él ya no estaba, pero el deseo de que así fuera, verlo entrar por esa puerta era más fuerte a la realidad, nunca quiso creer que se había ido para no volver jamás.
Y así vivía recordando aquel día en que cuando se dio cuenta ya había anochecido, estaban a punto de cerrar, había estado horas allí sentada sola, con un café ya hacía bastante tiempo frío entre las manos.
Su mirada verde fija en un punto determinado, sin apenas parpadear, estaba lejos, muy lejos, al igual que su mente.
Allí no podía sentir dolor, ni pena, ni anhelo, se dejaba llevar por lo que fuera ese punto calmado donde no había exactamente nada. Fue quizás en este momento en el que se abandonó a sí misma, después de arrastrar durante tantos años dicho dolor. Se veía ya sin fuerzas para seguir enfrentando los días así, repitiendo cada semana la misma historia feliz con amargo final. Cuando llegaban los miércoles despertaba más joven que nunca, con las emociones y sentimientos a flor de piel, como si fuera aquel día ya tan lejano, sacaba lo más bonito de su armario, siempre aquel bonito vestido floreado ya roto y desgastado por los años.
Los miércoles era otra, se olvidaba del pasado y vivía en presente una y mil veces el mismo momento que un día le partió el corazón. Hasta hoy, hoy ya no pasaría más, y no, nunca había decidido dejar de ir a dicho bar y terminar de una vez por todas con el dolor que le desgarraba el alma. Siempre que lo había intentado había fallado en el intento, y esta vez no iba a ser menos.
Y así se fue, con el deseo de reencontrarse una última vez con él, pues nunca tuvo ocasión de despedirse. Ese era su último y gran deseo, volver a sentir lo que sentía cuando él la tocaba, ese fuego que le quemaba la piel con tan solo el roce de sus dedos, volver a escuchar cada palabra sincera salida de sus labios sin pensar, en la que lo único que hablaba era el deseo y el corazón, abrazarle y decirle que siempre estaría allí aunque no se vieran nunca más, sonreír al recordar cosas que sólo ellos dos sabían y decirle cuanto lo había extrañado, cuan pesada era su ausencia y que a pesar de los años y los acontecimientos seguía amándole como el primer día.
Allí estaba ella, sentada donde siempre con una dulce sonrisa impresa en sus labios, más tranquila que nunca, con el corazón curado por fin de la huella imborrable que había en él.
Mientras paseaba pensaba sonrojándose en la tarde, había quedado con él, ese enigmático chico que hacía temblar su mundo, con el que ningún momento era malo para quedar, verse, conversar...
Estaba intranquila, casi no había dormido esperando el encuentro, se le hacía eterno el tiempo, hasta que después de muchísimas horas por fin eran las 17:30.
Estuvo todo el día en las nubes, bailando al ritmo de la canción de la vida, feliz, extasiada.
Se había puesto un bonito vestido floreado que le quedaba como anillo al dedo, unas bonitas sandalias que lo complementaban y así y con un bolsito salió en busca de su dosis de felicidad.
Llegó al bar de siempre, se sentó cerca de la ventana para verlo venir, aunque todavía era algo pronto, por lo que se pidió un café, cuando el llegara volvería a pedir.
Cuando le trajeron el café humeante lo primero que hizo fue calentarse las manos con la taza, y aspirar su rico olor, dio un pequeño sorbo y se quemó la lengua, así que decidió esperar un poquito más.
Él que siempre entraba sonriente en el bar unos minutos tarde, con olor a humo de tabaco y la saludaba de lejos con una reverencia que a ella le hacía mucha gracia, él que cada vez venía con otro truco que la dejaba sorprendida sin revelar jamás el secreto, y aunque se lo hiciera cada día, aunque fuera el mismo juego, ella siempre estaría admirada, era increíble la maña que tenía él para esas cosas.
Él que le había susurrado palabras de todo tipo al oído, la había acariciado y besado apasionadamente por todos los recovecos de su cuerpo, el mismo que le hizo creer en el amor, que la hizo sentir viva y que pese a todo siempre estuvo allí cuando ella lo necesitaba y viceversa.
Todo eso pasó hacía tanto tiempo, pero ella no lo olvidaría jamás, había convivido la mitad de su vida con ello, y lo revivía una y otra vez, estaba enferma de anhelo, quería revivir todo aquello que un día vivieron juntos, todo lo que se enseñaron mutuamente y los secretos que les reveló la vida en ese tiempo en que nada podía separarles.
Era tan grande la pérdida, tal el vacío de su corazón que se le hacía insoportable, no veía el momento en quitarse ese ''estúpido'' músculo que no le traía más que dolor.
A sus 90 años volvía cada miércoles al mismo bar donde ellos solían quedar, siempre se repetía la misma historia, y cada una de las veces miraba impaciente por la ventana a ver si lo veía venir, a sabiendas de que era imposible, él ya no estaba, pero el deseo de que así fuera, verlo entrar por esa puerta era más fuerte a la realidad, nunca quiso creer que se había ido para no volver jamás.
Y así vivía recordando aquel día en que cuando se dio cuenta ya había anochecido, estaban a punto de cerrar, había estado horas allí sentada sola, con un café ya hacía bastante tiempo frío entre las manos.
Su mirada verde fija en un punto determinado, sin apenas parpadear, estaba lejos, muy lejos, al igual que su mente.
Allí no podía sentir dolor, ni pena, ni anhelo, se dejaba llevar por lo que fuera ese punto calmado donde no había exactamente nada. Fue quizás en este momento en el que se abandonó a sí misma, después de arrastrar durante tantos años dicho dolor. Se veía ya sin fuerzas para seguir enfrentando los días así, repitiendo cada semana la misma historia feliz con amargo final. Cuando llegaban los miércoles despertaba más joven que nunca, con las emociones y sentimientos a flor de piel, como si fuera aquel día ya tan lejano, sacaba lo más bonito de su armario, siempre aquel bonito vestido floreado ya roto y desgastado por los años.
Los miércoles era otra, se olvidaba del pasado y vivía en presente una y mil veces el mismo momento que un día le partió el corazón. Hasta hoy, hoy ya no pasaría más, y no, nunca había decidido dejar de ir a dicho bar y terminar de una vez por todas con el dolor que le desgarraba el alma. Siempre que lo había intentado había fallado en el intento, y esta vez no iba a ser menos.
Y así se fue, con el deseo de reencontrarse una última vez con él, pues nunca tuvo ocasión de despedirse. Ese era su último y gran deseo, volver a sentir lo que sentía cuando él la tocaba, ese fuego que le quemaba la piel con tan solo el roce de sus dedos, volver a escuchar cada palabra sincera salida de sus labios sin pensar, en la que lo único que hablaba era el deseo y el corazón, abrazarle y decirle que siempre estaría allí aunque no se vieran nunca más, sonreír al recordar cosas que sólo ellos dos sabían y decirle cuanto lo había extrañado, cuan pesada era su ausencia y que a pesar de los años y los acontecimientos seguía amándole como el primer día.
Allí estaba ella, sentada donde siempre con una dulce sonrisa impresa en sus labios, más tranquila que nunca, con el corazón curado por fin de la huella imborrable que había en él.
sábado, 1 de septiembre de 2012
Sin ti, sin mí...
Perdida por las calles, sin rumbo, sin destino, sin ti... ¿A dónde se supone que voy? o mejor dicho ¿De dónde vengo? ¿ Realmente quiero que me encuentren o voy huyendo ? ¿Y si huyo de que o quien huyo? ¿Tiene acaso sentido todo esto? Muchas preguntas, pocas respuestas...
Dudas y más dudas, me hundo en un mar de dudas infinitas de sís y nos permanentes donde todo puede ser y nada es posible. Donde incluso hoy dudo te tu existencia, ¿no será todo fruto de mi imaginación? No por ser un ser ideal, para nada, nada más lejos de la realidad, pero ¿que importa? si la perfección no existe.
No busco nada perfecto pues no creo en cuentos de hadas, ya no, esa ilusión que se desvanece tan rápido como apareció o incluso más al poner los pies en el suelo, pues aunque me guste soñar, volar libre, a veces hay que poner los pies en la tierra aunque sea por un breve tiempo, o eso es por lo menos lo que aprendes cuando te vas haciendo mayor. Con el tiempo aprendes que la realidad supera a la ficción, pero no te das cuenta cuando llueve todos los días porque el camino está embarrado y crees perder el tiempo intentando avanzar ''inútilmente'', y es tan simple como pararte a observar otras opciones, nadie dijo que fuera fácil, pero hay que querer luchar, intentarlo, ¿cuantas veces habremos caído ya y nos habremos levantado? y las que nos quedan por caer...
Que estoy dispuesta a salirme del camino, a emprender aventuras, a empezar de 0, a jugar a tener al mundo en contra, a que no me importe el que dirán, a bailar bajo la lluvia, a disfrutar, y a seguir adelante pase lo que pase.
Quiero enfrentarme al miedo, mirarle a la cara y decirle que ya no me asusta, pero que no se quede en palabras, pues estas se las lleva el viento, si no defenderlas con hechos...
Quiero encontrarte y que me encuentres, y perdernos juntos, o cada uno por su lado, y buscarte y que me busques y verte sin ser vista y espiar tus gestos y callar impulsos que acabes haciendo que surjan como no lo hicieron nunca antes. Que desaparezcas y no verte más, dejar de extrañar lo que nunca hubo lo que podría no haber habido ¿o era lo que nunca habrá?
Cuando estás cerca igual es mejor la distancia, pero cuando estás lejos el deseo de verte y sentirte cerca es mayor que el de alejarme, es como jugar con los dos polos de un imán sucesivamente.
Que si tropiezo y me caigo me levanto, si me clavo una piedra me la saco y si tengo que curarme la herida sangrante me la curo, pero aún sin creer en cuentos de hadas, me encantaría saber que si me caigo estarás ahí con la mano extendida para ayudar a levantarme, que si me clavo una piedra, tú me ayudarás a sacarla y que si me tengo que curar la herida estés ahí para ayudarme y hacerme creer que con un besito se curará.
Y así juegan entrelazándose la pizquita de niña despreocupada con la joven soñadora que está en proceso de ser una fruta comestible, llámalo como quieras...
Dudas y más dudas, me hundo en un mar de dudas infinitas de sís y nos permanentes donde todo puede ser y nada es posible. Donde incluso hoy dudo te tu existencia, ¿no será todo fruto de mi imaginación? No por ser un ser ideal, para nada, nada más lejos de la realidad, pero ¿que importa? si la perfección no existe.
No busco nada perfecto pues no creo en cuentos de hadas, ya no, esa ilusión que se desvanece tan rápido como apareció o incluso más al poner los pies en el suelo, pues aunque me guste soñar, volar libre, a veces hay que poner los pies en la tierra aunque sea por un breve tiempo, o eso es por lo menos lo que aprendes cuando te vas haciendo mayor. Con el tiempo aprendes que la realidad supera a la ficción, pero no te das cuenta cuando llueve todos los días porque el camino está embarrado y crees perder el tiempo intentando avanzar ''inútilmente'', y es tan simple como pararte a observar otras opciones, nadie dijo que fuera fácil, pero hay que querer luchar, intentarlo, ¿cuantas veces habremos caído ya y nos habremos levantado? y las que nos quedan por caer...
Que estoy dispuesta a salirme del camino, a emprender aventuras, a empezar de 0, a jugar a tener al mundo en contra, a que no me importe el que dirán, a bailar bajo la lluvia, a disfrutar, y a seguir adelante pase lo que pase.
Quiero enfrentarme al miedo, mirarle a la cara y decirle que ya no me asusta, pero que no se quede en palabras, pues estas se las lleva el viento, si no defenderlas con hechos...
Quiero encontrarte y que me encuentres, y perdernos juntos, o cada uno por su lado, y buscarte y que me busques y verte sin ser vista y espiar tus gestos y callar impulsos que acabes haciendo que surjan como no lo hicieron nunca antes. Que desaparezcas y no verte más, dejar de extrañar lo que nunca hubo lo que podría no haber habido ¿o era lo que nunca habrá?
Cuando estás cerca igual es mejor la distancia, pero cuando estás lejos el deseo de verte y sentirte cerca es mayor que el de alejarme, es como jugar con los dos polos de un imán sucesivamente.
Que si tropiezo y me caigo me levanto, si me clavo una piedra me la saco y si tengo que curarme la herida sangrante me la curo, pero aún sin creer en cuentos de hadas, me encantaría saber que si me caigo estarás ahí con la mano extendida para ayudar a levantarme, que si me clavo una piedra, tú me ayudarás a sacarla y que si me tengo que curar la herida estés ahí para ayudarme y hacerme creer que con un besito se curará.
Y así juegan entrelazándose la pizquita de niña despreocupada con la joven soñadora que está en proceso de ser una fruta comestible, llámalo como quieras...
jueves, 30 de agosto de 2012
El tiempo
Las hojas habían caído, él las sujetaba en sus manos, las miraba y la miraba a ella, bella flor marchita.
La virginal belleza que exhalaba su último suspiro dejaba su tenue rastro aromático en la nariz de su amante. La belleza sinuosa de sus curvas y bellas facciones se convirtió en belleza madura, esa que solo el tiempo y la experiencia proporcionan.
Como si fuera posible pasó de ser una bella flor con facciones de mujer a un gran y bellísimo árbol enraizado, capaz de soportar dulces y alegres primaveras, maravillosos veranos, pobres otoños y duros inviernos. Donde su única compañía era la de aquel que siempre la amó...
La virginal belleza que exhalaba su último suspiro dejaba su tenue rastro aromático en la nariz de su amante. La belleza sinuosa de sus curvas y bellas facciones se convirtió en belleza madura, esa que solo el tiempo y la experiencia proporcionan.
Como si fuera posible pasó de ser una bella flor con facciones de mujer a un gran y bellísimo árbol enraizado, capaz de soportar dulces y alegres primaveras, maravillosos veranos, pobres otoños y duros inviernos. Donde su única compañía era la de aquel que siempre la amó...
martes, 28 de agosto de 2012
Sin sentido...
A veces hay tantas cosas que quieres expresar a la vez que es imposible empezar por una en concreto, pues si empiezas no sabes por cual seguir, pues no tienen un orden fijo ni lógico, están sueltas por ahí...sentimientos revueltos, desbocados y contenidos, ardientes deseos, fríos tormentos, belleza sin fin, decadencia mortal, gritos al viento, represión sin contento, sonrisa ligera, lluvia eterna...
Es tan fácil de sentir y tan difícil de explicar... es algo que viene y va, felicidad infinita, dolor intenso, sentirse renacer o morir por dentro.
Ganas de probar, de permanecer, de sentir y aprender contra ganas de huir, esquivar, no dejar tocar, ni sufrir. Pero sobre todo ganas de probar, de aprender y rescatar, de revivir lo nunca muerto pero nunca sentido por miedo a vivir en dolor el preciado licor del amor.
domingo, 19 de agosto de 2012
Perdido en mí
Un día decidió partir, dejarlo todo atrás con la intención
de conocer mundo, de adquirir experiencias, aprender a valerse por sí solo, él
y su moto, la única cosa que en esta aventura podía demostrarle que era real,
no era un sueño, estaba vivo.
La despedida fue corta y dolorosa, dejaba atrás a su familia
y amigos, a todos aquellos que realmente le querían. Por eso marchó lo antes
posible, sin pensarlo demasiado.
No se permitió mirar atrás en ningún momento porque sabía
que aunque se mostraba fuerte y decidido, si en algún momento se decidía a
girarse y mirar las caras de ojos
tristes de los que dejaba atrás, se quedaría y no partiría jamás, pero no lo
hizo.
Tomó un rumbo desconocido, siguiendo la melodía inaudible de
la vida, sintiéndose cada vez más vivo y despejado olvidándose de todo excepto
de quién era y de donde venía, pero este era un viaje más que para conocer lo
exterior conocerse a sí mismo, hasta donde podía llegar, cuanto podía resistir,
buscaba la paz interior, vaciarse de todos los tormentos.
Y allí iba él, con lo necesario para sobrevivir un día, solo
uno.
Cuanto más aceleraba más se olvidaba de todo excepto de su
objetivo, su pelo ondeaba por el viento y la velocidad, su corazón latía
desbocado, libre, y se sentía morir renaciendo una y otra vez, cada una de
estas veces más vital que la anterior.
Con los años aprendió a sonreírle a la vida como no supo
hacerlo antes, aprendió también a valerse con poco, muy poco, prácticamente no
necesitaba nada, todo lo que necesitaba estaba en él.
Un día partió huyendo de su pasado, esto es por lo menos lo
que él pensaba, porque realmente huía de sí mismo, los años le demostraron que
esto era así.
Toda la gente que conoció en su viaje le enseñó una cosita
más que le vendría bien en la vida, es entonces cuando aprendió a escuchar, y
no solo a escuchar, a sentir las palabras, interpretarlas sin dejarlas escapar,
crear su propia opinión a partir de experiencias, pues ya no le valía solo lo
que dijeran los demás, no, ahora y como
todos, necesitaba aprender de lo vivido, pues no hay mejor manera para aprender
que cayendo una y las veces que haga falta hasta darnos cuenta de que algo es
así.
Las cosas que se aprenden mediante la experiencia no se
olvidan y eso es una de las cosas que aprendió en su viaje.
No lo hizo todo rápido y corriendo pues todo tiene y lleva
su tiempo, se lo tomó con calma, los años que le hicieran falta, el tiempo
necesario, pues aunque corría sin detenerse, tenía tiempo, y no es que tratara
de convencerse a sí mismo, pues sabía que era así realmente.
Cuando se creyó preparado para enfrentar la realidad de sus
días pasados, capaz de querer con todo el corazón, de dar sin necesidad de
recibir tomó la decisión de volver.
Cogió su vieja moto y emprendió el regreso por caminos
terrosos llenos de grava que se levantaba a su paso. De vez en cuando una
piedrecilla chocaba contra las ruedas de su moto, pero hoy como el día en que
partió no se dejó distraer de su objetivo, que esta vez era llegar a casa con
los suyos, mostrarles el agradecimiento que nunca supo como mostrar, ahora
tenía tanto para dar, y todavía mucho tiempo por delante, pero las cosas habían
cambiado para todos, pues después de tanto tiempo, todos serían un poquito más ''viejos''.
En todos estos años nunca dejó de soñar con volver a casa,
todos los días pensaba en los suyos, en como estarían, en si lo echarían de
menos, y en si la vida quería que se volvieran a encontrar tarde o temprano…
Y hoy era ese día, más temprano que tarde pues ya no había
tiempo perdido, sino ganado y encontrado.
Y allí estaba él con su vieja Harley Davidson con la
carrocería negra desconchada por los años, había sufrido lo mismo que su dueño,
tempestades diversas pero días hermosos también, donde el sol lo bañaba todo de
felicidad y un encanto especial. Pues como bien dicen ''después de la tempestad
viene la calma'' y así era.
Los años no habían pasado en vano, pues donde siempre hubo
una bonita y lisa melena negra como el azabache ahora no había más que pelo
corto alborotado y gris. Le había crecido la barba que le daba un aspecto más
masculino, sus rasgos habían cambiado, habían endurecido, pero esto no dejaba
de hacerle más sexy, los años le sentaban bien, ahora era ''realmente'' un
hombre .
Volvía por el mismo camino por el que había partido, una
vieja vía del tren abandonada.
Ya casi estaba en casa, en su dulce hogar, y no podía evitar
sonreír, lo que al principio solo era una leve sonrisa no pudo dejar de
ampliarse a cada metro que se iba acercando.
Y allí a lo lejos estaba, la casa de su infancia, de su juventud,
de sus sueños y ahora de su madurez.
El corazón le latía desbocado como cuando partió, pero esta
vez era diferente, era por amor, amor a todo lo que había dejado atrás, a todo
lo que realmente significaba para él.
Y ya a tan solo 2 metros vio salir a todos ellos, figuras
conocidas y desconocidas a la vez, estaban todos tan cambiados, mostrando en
sus rostros la manera en la que la vida les había tratado, pero sus ojos y sus
sonrisas seguían teniendo la juventud y vitalidad de siempre, reflejando el amor
que le tenían y recibiéndole con los brazos abiertos, pues le entendían y no le
guardaban ningún rencor, que si alguna vez hubo ya había desaparecido por
completo.
Ahora solo se oían gritos de felicidad, palabras bonitas,
llantos felices acompañados de enormes sonrisas de dientes perfectos.
Abrazos, besos, mimos y caricias…
Noches enteras sin dormir por querer recuperar el tiempo ''perdido'' en las que se contaban fascinantes historias tan reales pero
fantasiosas que parecían surrealistas, historias inventadas, pero no, la
realidad podía superar con creces el sueño.
Nunca se arrepintió de haber partido, pero menos se
arrepentía de volver.
viernes, 17 de agosto de 2012
Dulce adicción la mía...
Es tan fácil ''hablar'' a veces, entre comillas porque
es más bien escribir, sin pararte a pensar lo
que dices, o mejor, escribes realmente, dejando fluir tus pensamientos a través de tus manos, algo así como acción -
reacción, pero luego viene la
repercusión, que en principio, si te has permitido hacer esto, dejar a tus manos libres no te importa, aunque a
veces puede escapársete alguna cosilla
que pensabas, que dices no querer decir, pero en el fondo lo estabas deseando, es algo así como un capricho
personal.
Sinceramente, escribir me pone, me pone mucho, no sé cómo explicarlo me excita, me eleva hasta lo más alto, cada palabra me acaricia, resbala por mi piel, poniéndome la piel de gallina, la energía fluye por mis manos, y entonces sale, queda reflejado en cualquier sitio y sea lo que sea es fantástico, me libera y mi corazón corre velozmente, desbocado, oigo cada latido ensordecedor que me introduce en un mundo donde lo único que se oye es aquello que fluye, sin ningún tipo de interrupción exterior; me aparta de la realidad, es más que un sueño, es completa y absolutamente real.
Es algo así como un mordisco mortal, veneno en
pequeñas dosis, esencia que me embriaga es…MI droga.
Dulce adicción la mía…
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